Plantado hace más de siete décadas por un grupo de escolares, el palo borracho de la plazoleta Aníbal Troilo es una de las joyas indiscutidas del arbolado platense. Desde hace varios días, el emblemático ejemplar ubicado en diagonal 75 entre 18 y 61 ofrece una de las postales más impactantes del otoño local, con sus flores amarillas tapizando el triángulo urbano que lo alberga y convirtiéndolo en un remanso sin contendientes a la vista a esta altura del año.
Originarios de los montes subtropicales del norte argentino, los palos borrachos (Chorisia speciosa) tienen una floración prolongada en las gamas del rosado o el amarillo-crema que en ocasiones permanece hasta el otoño. Sus frutos contienen una fibra blanca suave y esponjosa, que le vale en algunas regiones el apodo de “algodonero”.
El ejemplar de la plazoleta Troilo, remodelada hace dos años, fue plantado allí inicios de la década de 1940, por alumnos de sexto grado de la Escuela N°1.
Entre las 106 categorías taxonómicas -especies, géneros, variedades- y los 81 mil ejemplares que el más reciente censo forestal de la UNLP y la Comuna clasificaron en el casco urbano platense, muchas sobresalen por su cantidad, y otras por sus rasgos estéticos llamativos.
Un rasgo característico del palo borracho es la forma de su tronco, que se engrosa en la parte central -puede llegar a los dos metros de diámetro- permitiéndole almacenar reservas de agua para varios meses, si es necesario.
Lisa y verdosa en los retoños, su corteza está cubierta por espinas protectoras que van desapareciendo conforme los troncos y ramas envejecen. Sensibles a las heladas, en climas propicios pueden alcanzar los 25 metros de altura.
SUSCRIBITE a esta promo especial